Derrumbe

Esas cualidades aparecían reunidas en Donald Trump, un magnate que gobernó durante los últimos cuatro años los destinos de un país con vocación imperialista, capaz de extender sus dominios (económicos, políticos, sociales, culturales) a todo el planeta.

En sus dos siglos y medio de historia, EE.UU. gestó su grandeza a partir de una política exterior centrada en la conquista, la usurpación y la riqueza. Asimismo, mantuvo una cruzada interna que se basó en la xenofobia, el racismo y todo tipo de segregación que fuera funcional al estereotipo del ciudadano hegemónico, cuyas principales rasgos aluden a la hegemonía del blanco, millonario y poderoso.

En su gestión, Trump mantuvo sus pretensiones de invadir Medio Oriente, llamó a construir un muro en la frontera con México, persiguió a homosexuales y negros; además de subestimar al Covid-19 y disparar municiones desde los medios, confirmando un estilo de conducción personalista, verborrágico y pulsional, desde el que se erigió como un líder caprichoso y amenazante, dispuesto a someter el mundo a sus deseos.

Aun así, a pesar de estos atenuantes, los datos de las presidenciales del pasado mes de noviembre son elocuentes: 74 millones de compatriotas lo siguen eligiendo, frente a los 80 millones que optaron por Joen Biden, flamante presidente electo que en unos días asumirá su cargo.

En esta confrontación de fuerzas parejas, Trump no tiene seguidores sino fieles, enfocados en hacer lo que sea por la causa.

Mientras el Congreso de Washington se reunía para confirmar el triunfo de Biden con vistas a su asunción el próximo 20 de enero, los derrotados siguieron órdenes explícitas de alguien obstinado en no asumir el revés, denunciando fraude y convocando a sus votantes para impedir el cambio de mando.

Las imágenes que se dieron a conocer muestran a un importante grupo de manifestantes invadiendo el Capitolio para burlar las fuerzas de seguridad.

La escena es de una violencia institucional casi sin precedentes en la historia del país. Acostumbrados a ser los Dueños del Mundo, EE.UU. vive hoy el problema de tener al enemigo en su propia tierra; con el serio temor de que se los devoren los de afuera.


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