La reconstrucción

Para ningún sector político es fácil gestionar, menos en un país dividido y tan polarizado, con partidarios y opositores que ocupan lugares claramente asignados desde los cuales se disputan la hegemonía del poder.

De todos los gobiernos nacionales desde 1983 hasta la fecha, las presidencias de Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner comparten un rasgo esencial: ser fundacionales en momentos de grave fragilidad institucional, debiendo reestructurar las condiciones que hacen caminar a un país tras un período de deterioro, abandono y descontento social, todo lo cual ha derivado en episodios de violencia, vaciamiento y suspensión de garantías constitucionales.

Sin embargo, los primeros años de Alfonsín llevan consigo una realidad sin precedentes. No había margen de error. El Estado debía ser el encargado de encontrar evidencias, impartir justicia y destinar todos los recursos de la política en condenar culpables y evitar que episodios de similar tenor se repitieran.

El 15 de diciembre de 1983 se creó la CONADEP (Comisión Nacional de Desaparición de Personas), un organismo encargado de iniciar una serie de investigaciones guiadas por un grupo de notables, entre quienes se destacaban el escritor Ernesto Sabato, el médico René Favaloro y la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú. Un año después, el informe estaba listo: Nunca Más fue el documento revelador de casos que hablaban sobre torturas, desapariciones y muertes a cargo del Estado represor que condujo los destinos de Argentina entre 1976 y 1983.

El momento era muy delicado. Casi ocho años de dictadura eran demasiado daño para volver a creer en el Estado como ente regulador de la sociedad.

No obstante, se logró.

El Juicio a las Juntas Militares tuvo lugar en 1985: comenzó el 22 de abril y culminó el 9 de diciembre.

En estos días, la efemérides repasa aquel hecho; y el tiempo lo ha vuelto más significativo, porque la distancia entre el pasado y el presente permite generar ese imprescindible diálogo con la historia, en que se analizan causas y consecuencias a partir de episodios trascendentales a una comunidad.

Un antecedente fuerte a nivel mundial habían sido los Juicios de Núremberg, decisivos para condenar para siempre a los encargados de las atrocidades más feroces en la historia de la humanidad.

Que un propio pueblo logre resolver sus problemas es un síntoma de autonomía.

Volver a repetirlos, un claro signo de debilidad.

En Argentina, aquel hito creado sobre los escombros del horror, fue la fuerza necesaria para crear identidad y conciencia.

Discutir si son o no 30 mil desaparecidos es correr de eje lo esencial.

El crimen de Estado es de los atentados más repugnantes que puedan ocurrir.

Por eso, hablar de Memoria es más que recordar; apelar a la Verdad implica un compromiso mayúsculo con los hechos innegables; y hacer Justicia significa declarar que una sociedad tiene autodeterminación cuando sabe discernir el bien y el mal como valores éticos regentes para administrar las conductas.


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