Cuando fuimos felices

De niño recuerdo jugar en el patio de la casa con mi hermano. Yo iba al arco, él pateaba.

En aquellas tardes que se prolongaban hasta el crepúsculo, deseábamos ver a Boca en lo más alto, una realidad q por entonces sólo podía ser posible en el mundo de los sueños.

Había un código implícito en esos enfrentamientos: cuando él atacaba siendo nuestro cuadro, yo no ofrecía gran resistencia; cuando él era el contrario, volaba con más énfasis para que no nos convirtieran.

Papá se quejaba pidiendo piedad por esas plantas a las que encantaba regar y mantener con la pericia de un jardinero.

Juntos dábamos vida a un Boca imbatible que comenzaba ganando el torneo local, seguía con la obtención de la Libertadores y terminaba (ya cansados) con la conquista de la Intercontinental.

Después me iba a duchar, cenaba y al dormir me preguntaba si algún día aquellos deseos se harían realidad.

Muchos años después sucedió.

El Boca de Bianchi lo hizo. Se animó a todo y en cualquier escenario. Tuvo un aura especial de identidad y emoción.

La columna vertebral de aquel equipo respetaba la tradición del club.

Córdoba, Bermúdez y Serna eran colombianos. El 1, un portero salidor y sereno, de categoría para el puesto; el 2, capitán de presencia, personalidad y juego aéreo; el 5, mediocentro de presión áspera y asfixiante.

El lujo lo vestía la 10 de Riquelme, futbolista de fina estampa, hábil y estratega; contracultural en su forma de jugar y vivir.

En la foto siempre salía el 9 repleto de goles, tinturas, festejos locos y movimientos tan torpes como efectivos. La vida de Palermo fue de película.
Ellos marcaron el pulso de un equipo solidario, pragmático y de mentalidad ganadora que brilló en Argentina, resplandeció en América, bailando a River y definiendo en Brasil. Así hasta llegar a Japón, donde puso de pie a Real Madrid.

La gloria más grande de nuestra historia ocurrió un día como hoy de hace exactamente 20 años.

Con mis afectos aún la seguimos celebrando, siendo concientes en aquel momento de que lo vivido tal vez nunca iba a volver a repetirse.

Los lindos recuerdos de mis días en Trelew tienen q ver con esto: los afectos que aún perduran, las ilusiones y el fútbol.


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s