Meritocracia

El concepto tiene más de medio siglo y fue acuñado por el sociólogo británico Michael Young (1915-2002), quien luego de la Segunda Guerra Mundial alentó una idea que, en su concepción, ayudaría a fortalecer los valores de la democracia como un sistema de gobierno más justo e igualitario que el concebido inicialmente.

Por lo tanto, la meritocracia permitiría establecer escalas y criterios para regir la economía a partir de principios distributivos capaces de eliminar las desigualdades de base.

En virtud de lo anterior, cada sociedad podría organizarse en una estructura que incentive los talentos, valore los esfuerzos y premie los logros.

Sin embargo, las democracias neoliberales que se consolidan a nivel mundial desde la globalización hasta nuestros días (período de tres décadas) dan origen a controversias en el orden de lo político y social, porque sectores reaccionarios han puesto en duda la supuesta honorabilidad de la meritocracia: si existe una estructura que ubica en un mismo punto de partida a sujetos de distinta condición para iniciar una carrera darwinista hacia la meta, entonces sobrevivirán los más fuertes. En consecuencia, habrá reproducción de un modelo que acentuará las distancias iniciales.

Para invertir esa polaridad, los gobiernos de impronta socialista buscan equiparar las diferencias a través de medidas que afectan los intereses de los grupos más acomodados o privilegiados en beneficio de quienes están siendo segregados.

De todos modos, existen errores conceptuales de interpretación que se instalan sin analizarse nuevamente: oponerse a la meritocracia no es negar ni menospreciar el valor de los esfuerzos. Hay personas que se sienten atacadas en su dignidad cuando defienden todo lo que han hecho para tener la casa, la heladera y el auto.

¿Quién podría cuestionar esas maneras de vivir, que constituyen ejemplos de compromiso y superación?

Lo que está en discusión no es aquéllo sino la lógica propia de la meritocracia, entendida como beneficios que se obtienen a partir de esfuerzos proporcionalmente realizados. Legitimar esta concepción supone que la oportunidad de acceder, por ejemplo, a mejores condiciones de trabajo no sería nunca regla sino lamentablemente una excepción.

Y por otra parte, ¿quién define qué, cómo y cuánto merecer?


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