Irrenunciable

El último 6 de noviembre se cumplieron 200 años de la primera vez que se izó la bandera argentina en las Islas Malvinas.

El gesto de soberanía estuvo a cargo de David Jewett, marino estadounidense al servicio de la Armada nacional que había arribado al lugar con motivo de expediciones vinculadas a la caza y la pesca.

Por aquel tiempo, Argentina llevaba poco más de cuatro años como nación independiente y ya había cumplido una década sin dominio español.

Como bien explica Daniel Filmus (actual Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur), en ese 1820 Jewett no solamente flameó la bandera sino que leyó una proclama y disparó 21 cañonazos, inaugurando así la toma de posesión en nombre del Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de Sud América, solicitando voluntad de actuar con justicia y hospitalidad en relación a los extranjeros.

Ese documento fue difundido internacionalmente, haciéndose eco de él países como EE.UU., Gran Bretaña (que en un artículo en The Time reconocía el hecho como un acto de soberanía) y España.

Es importante destacar que los dominios españoles caen al legitimarse las gestas emancipadoras; de manera que todas sus conquistas son heredadas una vez que, en este caso, Argentina se declara nación independiente.

Cuando Jewett izó la bandera aquella vez, tal acontecimiento tuvo carácter oficial y no hubo sido respondido en su momento por Gran Bretaña ni ninguna otra potencia extranjera.

Lo que vino luego fue una historia de desencuentros y crueldades en que se impuso el poder del más fuerte.

La ONU busca concentrar acuerdos pacíficos sumando documentación y apoyo de países que acompañan el reclamo de Argentina.

Contar con los recursos que se encuentran en Malvinas implicaría, por caso, tener mayor autonomía, fortalecer las riquezas de la Región y apelar a una redistribución del ingreso, lo cual podría optimizar el cumplimiento de derechos humanos como la salud y la educación. Además, sería una oportunidad para dejar de depender de organismos como el FMI, uno de los factores que contribuyen a la humillación de los sectores excluidos del globo bajo el falaz halo de la solidaridad.

No se trata de pedir un favor sino de acceder a lo que corresponde, avalado por los tratados internacionales.

Recuperar Malvinas se impone como una política de Estado que sea una obligación de cualquier gobierno. No solamente debe ser una lucha argentina, sino también de los países de América Latina. Sentar un precedente es clave para vivir un mundo sin más colonialismos.


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