La clave está en la Gestión Educativa

Partiendo del principio según el cual entre la idea y la realidad hay una enorme brecha de distancia, ensayemos igualmente la pregunta: ¿Qué se necesitaría para el logro de una política educativa acorde a las necesidades de la población?

Además de buenas intenciones, resulta imperiosa la urgencia de un conjunto de decisiones micro y macro estructurales, que respondan a la coyuntura de cada sector de la ciudadanía.

Ninguna estrategia será óptima si no se ubica a la educación como asunto prioritario para las demandas de un país. Ese lugar esencial debe ser respaldado por planificaciones escalonadas: a corto, mediano y largo plazo, planteándose objetivos que deben ser revisados continuamente, para sostenerse en el camino, enderezar el rumbo o hacer transformaciones inmediatas según la ocasión.

Ante todo aquéllo, se necesita capital financiero (infraestructura, edificios óptimos, salarios dignos, tecnología, aulas acondicionadas, material de estudio acorde) y humano (capacitaciones significativas para docentes, calendario escolar pensado desde principios de año y proyectado a más de un ciclo lectivo, idoneidad en quienes promueven directivas y sentido de pertenencia para incorporar a la comunidad como parte del quehacer educativo).

Sin esos recursos será imposible.

No puede ser que no haya equipos de gestión idóneos en Argentina para que se establezcan criterios a seguir, pensados en un profundo análisis a través de precisos diagnósticos que inviten a proceder en consecuencia.

Hoy es la pandemia pero antes fueron los paros docentes, los cambios de gobierno, las crisis institucionales y un conjunto de etcéteras afines.

Esta realidad -que también afecta a otros roles del Estado- impacta fuertemente en el sistema educativo, un área desarticulada y entregada a la quijotesca tarea de docentes que deben escuchar a las familias, surfear los nubarrones de su tarea diaria, responder a equipos directivos que a su vez obedecen a inspectores, los cuales suelen recibir documentación repentina para que se socialice lo más rápido posible.

El nivel educativo no mejora ni empeora con las exigencias que de por sí se establezcan como criterios para evaluar, por caso, una materia. Es un facilismo decir «las generaciones de hoy no estudian». El asunto es mucho más complejo, porque si a la política de Estado que convierte a la educación secundaria como obligatoria desde 2006 (según la La Ley 26.206) no se la acompaña de sentido y significación, entonces deviene vacía. Las escuelas, por tanto, pasan a ser un lugar reclusorio de jóvenes que deben concurrir a las instituciones en virtud de una exigencia meramente normativa.

Cada gobierno debería prever situaciones excepcionales para garantizar el derecho de la educación a aproximadamente 15 millones de menores de edad entre 3 y 17 años de vida (según datos oficiales del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación Argentina, a 2017). Estamos hablando de la tercera parte del total de los habitantes del país.

El COVID-19 paralizó las estructuras a nivel global y obligó a que cada nación deba revisar sus estrategias políticas.

Resueltas las paritarias docentes a principios del ciclo lectivo 2020, el actual Ministerio de Educación de Argentina se encontró de inmediato con el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio decretado por Presidencia. Ello generó que, lógicamente, se interrumpieran las clases presenciales en gran parte del territorio nacional; y que volvieran en algunos distritos menos afectados por el coronavirus. Sin embargo, sostenida en el tiempo aquella decisión (van casi ocho meses), no hubo respuestas ni miradas superadoras para aquellos sectores que no tienen acceso a la conectividad.

De ninguna manera puede pensarse como única solución o la más viable, el uso y la disposición de los dispositivos tecnológicos. Apelar solamente a ello suena a impericia y falta de capacidad para gestionar en las carencias.

No hay igualdad de posibilidades; pero en ese sálvese quién pueda, los sectores que sí están en condiciones de acceder deben aprovechar esa oportunidad.

Mientras tanto: ¿Quién se ocupa de ese conjunto de niños y adolescentes que quedan excluidos? ¿Dónde están los gremios, que siempre defienden con ímpetu los derechos de los trabajadores de la educación, para hacerse oír y también acercar soluciones en momentos de debilidades, cuyos principales perjudicados son los estudiantes? ¿Cómo se van a paliar las devastadoras consecuencias de un año perdido para una actividad esencial como la educación?


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s