Sandro

La historia de Roberto Sánchez (1945-2010) combina el talento, la fama y el misterio, suficiente para hacer de su vida una aventura mítica.

Heredero de padres españoles y con ascendencia húngara, sus genes trajeron consigo el caudal de las olas inmigratorias que poblaron la Argentina entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Nació en el sur de la ciudad de Buenos Aires, mucho antes de que la aglomeración y el flujo de gente le diera el nombre de conurbano.

Gustaba de la música y quería emular al rockstar de aquel entonces: el siempre enorme Elvis Presley.

Perteneciente a una familia de clase media trabajadora, ayudaba a sus padres repartiendo damajuanas de vino o cumpliendo horas en la carnicería.

Con sus primeros ahorros se compró una guitarra y decidió abandonar los estudios secundarios poco después de haberlos comenzado.

Se alistaba en concursos de canto y ganó consideración entre el público que asistía a esos eventos. Todo ello le abrió las puertas para comenzar una carrera con presentaciones en locales nocturnos que lo salvaron de malas compañías y, según él, la delincuencia.

Adoptó el seudónimo de Sandro, el nombre elegido por sus padres cuando nació pero no aceptado por las autoridades.

Así dio inicio a un meteórico estrellato: primero como líder de bandas del under porteño; luego, siendo solista y cantautor.

«El Gitano» fue, acaso, pionero en varios rubros: primera gran estrella del rock nacional, primer sex symbol con innato poder de seducción, primera hiper figura de la música local en llegar al cine.

Un hombre sencillo que se ocultó en el personaje, gran compositor de hits y celoso de su vida privada; poco y nada se sabía de él, sólo aquello que quería contar (y con reservas).

Sandro jugó a ser el muchacho de la tapa en la antesala de glorias como Charly o Spinetta; una aparición que lejos de ser pasajera perduró en el tiempo.

Las mujeres lo seguían y deliraban por él, logrando que la construcción de una muralla en su casa de Banfield sea su búnker ante el acoso permanente.

Aún con dificultades de salud y repitiéndose a sí mismo, conservó destellos de su magia para sobrevivir al olvido.

Lo que se dice, una celebridad de nuestras tierras.


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