Lealtad

No hay manera de comprender a la Argentina sin interpelar al peronismo, un movimiento único en la historia nacional, que marcó un antes y un después en las representaciones de un país sectorizado.

Juan Domingo Perón (1895-1974) había participado de las acciones que terminaron con los poderes dictatoriales capaces de derrocar al gobierno constitucional de Hipólito Irigoyen en 1930. Desde 1943, su popularidad crecía exponencialmente, generando la desconfianza del Ejército (aliado a grupos oligarcas y conservadores), que lo apresó por considerarlo una amenaza.

El 17 de octubre de 1945 (días después de aquella determinación) nacía un fenómeno político y social que se ha extendido en el tiempo, continuando aún vigente en los debates actuales. Aquella vez, miles de personas pertenecientes a la clase obrera marcharon para pedir la liberación de un dirigente que como funcionario del gobierno amplió derechos de los trabajadores (indemnización por despido, jubilación, jornadas laborales limitadas, vacaciones pagas, creación de sindicatos, escuelas y hospitales), posibilitando así el ascenso social de los sectores históricamente relegados.

Desde entonces, el peronismo se apropió de la categoría de «pueblo», estableciendo máximas que calaron hondo en la sociedad argentina y han logrado estereotipar al mito.

Polémico y controversial, a Perón le caben adhesiones y rechazos pero nunca indiferencia.

A 75 años de aquella manifestación, hay un peronismo partidario al que pertenecen el fiel seguidor que todavía lo busca en cada promesa incumplida; el moderado que le destaca las ventajas pero reconoce sus defectos; y el nostalgioso que se queda alojado en el pasado, añorando una vida q permitía acceder a la casa, el auto, la heladera.

También, existe un antiperonismo, en el que se identifican el ultra opositor q valiéndose de una aparente superioridad moral apela al resentimiento peyorativo; el crítico que propone miradas superadoras; y el que no asume la desilusión por haber confiado en un país mejor que nunca llegó a resolver sus propios traumas.

De todos modos, hay preguntas que todavía están sin responder: ¿a quiénes representan hoy las fuerzas políticas autoproclamadas peronistas?




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