El inventor

La vida de Ladislao Biró (1899, Budapest, Hungría – 1985, Buenos Aires, Argentina) tiene ribetes apasionantes.

Hablamos de un autodidacta, alguien que ejercitó desde pequeño la aptitud para crear soluciones a partir de su ingenio.

La obra cumbre por la que pasa a la historia es la invención de la birome, un objeto que de tan cotidiano parece sencillo, pero que nunca nadie antes lo había pensado.

¿Qué es el bolígrafo? Un dispositivo de aproximadamente 15 centímetros de longitud por 5 milímetros de diámetro en tamaño promedio, compuesto de los siguientes elementos: un tubo de plástico o metal que contiene un depósito cilíndrico donde se aloja la tinta, una bolita que hace aparecer u ocultar la punta mediante la cual se expande la sustancia viscosa (que a su vez debía ser así para secarse rápidamente en el papel), y un resorte que agiliza ese mecanismo.

La innovación se expande en la década de 1940, cuando un grupo inversor húngaro e inglés le acerca a Biró -quien estaba veraneando en una playa de Yugoslavia- la propuesta de patentar su invento en Argentina.

Junto con su amigo Juan Meyne llegan al país en 1943, buscando un mundo mejor mientras aún acontecía la Segunda Guerra Mundial.

Ambos fundaron una empresa que tenía la misión de fabricar lapiceras de calidad y a la vez con un precio accesible para el público masivo. Al nuevo producto le pusieron por nombre «birome», conjunción de sus apellidos: Biró-Me (por Meyne).

Luego, se vendió la patente a diversas partes del planeta logrando un éxito de dimensiones incalculables.

La historia pone de manifiesto la capacidad de resolución de personas que saben ver antes una demanda y trabajan para revertirla. Asimismo, confluyen una serie de decisiones (situaciones imprevistas, contactos espontáneos, propuestas inesperadas) que marcan un camino y logran hacerse lugar para dejar su huella.

Biró, quien además creó el lavarropas, la caja de cambios automática mecánica y la cerradura inviolable, enseña que salir de la zona de confort para crear lo que no está hecho es un camino necesario para la transformación y emancipación de sociedades usualmente supeditadas al poderío del más fuerte.

En tiempos de libre de comercio, con un neoliberalismo que pone de rodillas a gran parte del mundo, se puede demostrar que es posible ser autosuficientes.

Argentina, país que aparece o se anuncia como creador del helicóptero, el dulce de leche, el bus y las huellas dactilares, tiene en lo más alto de sus consideraciones a un extranjero que concebimos como propio. Desde 1990, cada 29 de septiembre (en homenaje al fallecimiento de Ladislao Biró), se celebra el Día del Inventor. Quizás esta fecha también sea motivo de inspiración para las nuevas generaciones.


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