Ayotzinapa y la violencia estatal

Históricamente, las grandes movilizaciones estudiantiles se han cobrado vidas.

Hay algo paradójico y controversial en estos acontecimientos: la fuerza de la juventud, su vigor y maneras de manifestarse, encuentran resistencia en grupos encargados de impedir la libertad de expresión.

No solamente eso, sino que además sucede una confrontación que eleva los índices de violencia a límites extremos.

El Mayo Francés, la Primavera de Praga, y nuestra Noche de los Lápices, entre otros acontecimientos afines, dan cuenta de ello. Tienen en común un activismo político y social que reivindica derechos negados por los gobiernos de turno.

Cuando jóvenes mueren trágicamente en esas circunstancias, la repercusión es mayor por todo lo que en la sociedad connotan esas pérdidas: se aniquila el futuro como quien tala a una flor. Y más allá de estas comparaciones poéticas, en algún sentido románticas, el impacto es notorio.

En 1968, México mostró dos caras: ante el mundo, los Juegos Olímpicos fueron una vidriera que convocó la atención internacional en un evento especialmente deportivo y cultural. También, puertas adentro, surgieron manifestaciones de protesta por parte de un grupo de estudiantes (junto a campesinos, obreros, profesores) que alzaron su voz contra el autoritarismo del gobierno de turno. Mientras se entregaban medallas y celebraban conquistas, varias personas perdían la vida en las calles del país azteca.

Casi medio siglo después, otro episodio atroz tuvo como responsable a la violencia estatal. Durante el 26 y 27 de septiembre de 2014, estudiantes de una escuela rural salieron en micros desde Iguala hacia la ciudad de México. Lo hacían con la intención de participar de marchas conmemorativas al episodio del 68. En el camino fueron interceptados por la policía, que no solamente los detuvo sino que los amedrantó. Patrulleros dispararon, cercaron el bus e hicieron descender a los jóvenes. Luego, se los llevaron y nunca más se supo de ellos.

Con comprobada complicidad del gobierno, encubrimientos, silencios y liberación de testigos, Ayotzinapa (la zona donde se hallaba la escuela rural) es hoy un emblema en la lucha a favor de los derechos humanos. Las desapariciones forzadas de 43 estudiantes (6 muertes y 27 heridos) salpica al Estado, que con cambio de mando en 2018 intenta recuperar lo sucedido para esclarecer los hechos.

El presidente electo Andrés Manuel López Obrador, en sus primeras decisiones, creó la Comisión por la Verdad y Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa. Asimismo, un conjunto de Padres y Madres se unieron con intención de exigir justicia.

Las investigaciones presentan avances, aunque todavía está lejos de dilucidarse.

El Equipo Argentino de Antropología Forense halló restos de los cuerpos pero aún quedan pendiente las palabras de personas involucradas que podrían ayudar a develar el hecho.

Cuánto más pasa el tiempo, más difícil es.

Y aunque eventualmente quede impune, vale decir que la memoria nunca es en vano si lo que intenta es denunciar las falacias de una verdad histórica que daña a la sociedad en su conjunto.


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