El caso María Soledad Morales

El 8 de septiembre de 1990 -y a sólo cuatro días de que cumpliera 18 años de edad- fue encontrada sin vida María Soledad Morales, joven catamarqueña que era estudiante del último año de la escuela secundaria.

Había asistido la noche previa a una fiesta en una discoteca. Allí la pasó a buscar un hombre mayor que decían era su novio.

A la mañana siguiente, las autoridades identificaron un cuerpo en las afueras de la capital de Catamarca. Para los asesinos, el plan salió mal: no lograron que la víctima fuera alimento de los cerdos. Hubo huellas que se adulteraron. El papá de la chica pudo reconocerla por una cicatriz que tenía.

Como pocos, el caso repercutió política y socialmente porque involucró al poder: dirigentes, abogados y demás personas encumbradas en las altas esferas de la comunidad, fueron responsables por drogar, violar, asesinar, encubrir y negarse a reconocer qué había sucedido.

Por aquellos días, era común ver multitudinarias marchas de silencio exigiendo justicia. Los medios se hacían eco: a veces con reparos, en ocasiones visibilizando como podían (y les permitían) lo que estaba sucediendo en las calles.

Los padres de la adolescente fueron acompañados permanente por la Hermana Marta Pelloni, autoridad de la escuela adonde asistía María Soledad. Su presencia acaso haya sido la de una referente que dignificó valores de la Iglesia en un país que siempre pide compromiso real y no sólo testimonial de la institución religiosa.

Con los años, la corrupción siguió develándose.

Proliferaron crónicas, nuevos informes y entrevistas reveladoras. Investigaciones a fondo que ponían en evidencia la necesidad del juicio.

También se filmó una película.

En 1996 el caso llegó a los estrados. Fue un papelón grotesco porque aún en esa instancia la impunidad seguía operando.

Un año más tarde, se reanudó la causa.

Hubo condenas a prisión por 20 años y cárcel para quienes fueron cómplices.

La vida nunca más fue igual ante un episodio que marcó a toda una población.

30 años después, situaciones similares son femicidios; y lamentablemente, no se tratan de hechos aislados.

Según estadísticas oficiales, cada 27 horas muere una mujer en Argentina.


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