Matar por matar

El 9 de julio pasado había cumplió 18 años de edad.

Decidió festejarlo en familia.

Junto a un amigo, subieron a una motocicleta apenas iniciada la madrugada para comprar refrescos.

Se dirigieron hacia un kiosco, de esos que están abiertos las 24 horas.

Pero uno de ellos nunca más volvió.

Una bala lo atravesó: según la autopsia, entró por el tórax y salió por la espalda.

El disparo provino de un patrullero de la Policía Bonaerense y aún resta saber cuál de los dos oficiales que ocupaban el vehículo cometió el crimen.

Lucas Verón, ciudadano de La Matanza, fue asesinado brutalmente como tantos otros jóvenes que son perseguidos por su aspecto y en cuya portación de rostro nace el prejuicio de estar asociados a la delincuencia.

No se trata de un caso aislado sino de una práctica habitual.

Amedrentar, huir, tirotear desde el patrullero hasta acorralar sin dar ninguna tregua.

En muchas ocasiones, el desenlace es el peor de todos: matar por matar.

Los oficiales no denunciaron el hecho y se dieron a la fuga.

Además de asesinar, también ejercieron el abandono de persona.

No conformes con esas miserables actitudes, intentaron borrar las evidencias pero no pudieron.

El amigo que logró escapar pudo avisar lo que había sucedido.

Los familiares de Lucas Verón se presentaron en la comisaría, esta vez para confirmar que la impunidad tiene distintas vías: ellos mismos tuvieron que dar la cara por la víctima, asegurando que no era alguien que había salido a robar.

(Como si ser ladrón justificara, de por sí, disparar a quemarropa).

Hoy los reclamos se hacen sentir.

Salen a la calle personas con pancartas, indignadas y dispuestas a darlo todo para que se haga justicia.

Un hecho más que se repite.

Una persona inocente que ya no está entre nosotros.

Ayer fue Luciano Arruga, hoy Lucas Verón, mañana no se sabe quién.

Pero allí sobreviven: en banderas, murales, cánticos e historias que nos recuerdan los oscuros escombros de nuestro país.

La corrupción.

La impunidad.

El abuso de poder.

Sumemos a la lista el gatillo fácil, uno de los tantos males que desde la democracia a nuestros días, ningún gobierno ha podido, sabido ni querido erradicar.

Foto: Filo News

LV

 

 

 

 


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