Nuestra Gaby

«Es un gran, gran honor, estar de vuelta aquí en New Port. Hace dos años tuve la alegría de unirme a este grupo de gente especial a la que tanto respeto. Yo fui elegida para presentar a alguien muy importante para mí. Los recuerdos que guardo y la admiración que me surge actualmente, se fueron construyendo por más de veinte años. Ahora trato de poner en palabras lo importante que fue Gaby para el tenis y para mí. Y hoy, que todos reconocemos su gran impacto en el tenis, estoy agradecida de poder decir que el impacto más grande lo hizo en mí. Gracias».

La alemana Steffi Graff, figura histórica y estelar del tenis femenino mundial, termina de pronunciar las palabras que preparó para darle la bienvenida al Salón de la Fama en el año 2006. Tal como indica el protocolo, lo hizo a pedido de la homenajeada, con quien supo forjar una amistad sincera y duradera, de profundo afecto y respeto, más allá de la rivalidad que tuvieron solamente como deportistas.

El público, respetuoso y muy atento aunque sin el calor de los latinos, brinda un cerrado aplauso que se transforma en emoción cuando ahora ella es la que habla. Con un mensaje humilde, sencillo y significativo, expresa su agradecimiento: a la multitud en general y a su familia en particular, presentes en ese evento de enorme trascendencia.

Gabriela Sabatini está cumpliendo 50 años de edad. Lejos de los flashes y la fama, luce siempre fresca y juvenil, medida en sus opiniones, con una sonrisa tímida que la acompaña a cada lugar adonde va.

Parece increíble que ya haya llegado a medio siglo de vida, pero ese escepticismo va de la mano de un registro muy temprano que se instaló en la memoria popular de los argentinos, cuando de niña irrumpió como futura promesa del tenis.

Esa profecía se cumplió; muy probablemente sin que ella lo haya soñado o imaginado.

Claro, a los 6 años de edad, tomar una raqueta es para divertirse. Después, viene el resto.

Si hay talento aparece la oportunidad, cobrando forma real  y concreta la posibilidad de iniciar una carrera profesional.

Su meteórico ascenso -destacándose en categorías infantiles y en juniors cuando comenzó su adolescencia- la encontró animando el circuito de la WTA en 1985, aún con 14 años de edad, momento en que empezó a discutirle los lugares privilegiados del ranking a leyendas del calibre de Martina Navratilova.

Gaby tenía un estilo vistoso en su juego, fino y elegante, siendo sus principales virtudes el remate de revés y la precisión de los «globos» con los cuales hacía retroceder a las rivales que se avecinaban a la red. Sin embargo, carecía de fortaleza mental en instantes decisivos. En un deporte muy psicológico como el tenis, con el factor emocional siendo un muy relevante componente de un partido, la soledad ante la red y las rivales requiere de tener el brazo calibrado para tomar las mejores decisiones en el momento justo.

Llegó a ser N° 3 del mundo durante varios años, abanderada de la delegación argentina que fue a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 en donde obtuvo una medalla plateada; ganó 27 títulos individuales (destacándose el Grand Slam US Open 1990) y 12 en dobles, pero la crítica especializada y el clamor de los fanáticos supo ser injusta con ella, casi poniendo como imagen de su carrera la épica derrota con Steffi Graff en Wimbledon 1991, cuando a falta de dos puntos y el saque a favor desperdició una oportunidad única para llegar a la cima de la clasificación.

Siempre se le reclamó algo más, un plus que no siempre pudo dar. Y aquí es importante hacer una distinción: en los deportes de alto rendimiento es importante el resultado que dan sentido a los procesos; pero también, tanto o más valioso que ello, resulta ser el espíritu de competitividad.

Nadie logra trascender a su tiempo ni es amado en distintos lugares del mundo gratuitamente.

El costo de Sabatini fue alto. Hablamos de una persona que se privó de vivir derechos propios de la infancia, debiendo responder a las exigencias de la gente, la prensa, los empresarios, los contratos firmados; alguien que, además de todas esas presiones para las que nadie está preparado, tuvo que atravesar y convivir con varios prejuicios.

Se retiró en 1996, sintiendo que ya había dado todo su empeño y dedicación al deporte que tanto supo amar. Quiso otro camino de vida y maduró su decisión. Sin proponérselo ya era una referente, con muchas niñas que querían ser como ella y deseaban jugar al tenis en los clubes. Su impacto fue similar al furor que causó Vilas, con todo lo que ello implica en términos de inclusión, salud psíquica y social, desarrollo personal, cuidado del cuerpo; y ese halo de elegida la ubicó entre los principales atletas del país, emblema en un contexto que hasta su aparición tenía la presencia ilustre de hombres: además del citado Willy, las primeras planas de trascendencia mundial citaban a Fangio, Monzón y Maradona. Todos ellos fueron reconocidos especialmente en los Premios Olimpia de 1999, una edición especial que consagró a los más grandes deportistas nacionales del siglo, pero que lamentablemente no incluyó siquiera una mención especial a Sabatini.

Jugar al tenis fue el camino que eligió, la ilusión que la mantuvo viva y que hoy la hace ser embajadora del país en cualquier lugar del planeta.

Gaby, ejemplo de conducta, ética y profesionalismo, humilde y cálida, sensible y cercana a los atletas que la admiran, encuentra una reivindicación que -tardía o no- es loable destacar.

A principios de marzo de 2020, la Legislatura Porteña se vistió de gala para declararla Ciudadana Ilustre. En un muy lindo acto impulsado por la diputada Inés Gorbea (UCR-Ev), quien le dedicó un sentido testimonio de gratitud, participó con anécdotas alegres y divertidas su gran amiga Mercedes Paz, tenista tucumana que comenzó la carrera con ella pero que no tuvo el suceso que logró Gabriela. Al borde de las lágrimas, valoró inmensamente que haya aceptado ser madrina de su hijo.

La mejor deportista argentina de la historia se merece eso y mucho más; porque en este país, tan polémico y contradictorio, con tantas exigencias hacia el afuera sin revisar miserias propias, el hecho de contar con alguien que nos invita a ser honrados ciudadanos debería ser recibido como un regalo de la vida.

Los gestos de grandeza, claro está, también se vislumbran en las maneras de ser.

Feliz Cumpleaños, Gaby; y eternas gracias por todo.

 

 

 

 


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s