¿Vocación crítica u oportunismo?

Desde hace unas semanas, circula libremente en la Internet un compilado de ensayos escritos por grandes referentes actuales de la filosofía y la intelectualidad mundial. Lleva por nombre Sopa de Wuhan, tiene en su portada una figura alusiva a los murciélagos y el nombre de los protagonistas que suman al debate: entre ellos, Slavoj Zizek, Byung-Chul Han, Jean-Luc Nancy, María Galindo, Judith Butler, Giorgio Agamben y Alain Badiou.

La iniciativa fue pensada por Pablo Amadeo, editor y comunicador de La Plata (Argentina), quien no dudó en reunir estas voces para responder a la necesidad de repensar la coyuntura actual de manera inmediata. En efecto, el material -que lleva por sello ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio)- se viralizó rápidamente.

Ante tal propuesta editorial, surgieron adhesiones y cuestionamientos.

Quienes están en el primer grupo, resaltan la importancia de que el discurso filosófico se haga eco de problemáticas actuales y tenga sentido de la anticipación; es decir, que de una buena vez se involucre con las dificultades y adversidades del momento, aportando soluciones o alternativas, lejos de la comodidad de meramente teorizar sobre los hechos consumados.

Asimismo, otro sector alerta sobre la peligrosidad de un reflexionar repentino, precipitado y vertiginoso. Hay quienes señalan que cuando sucede un fenómeno sin precedentes como la pandemia del coronavirus, se debe esperar un tiempo prudencial para hacer conjeturas y análisis tan precisos como pertinentes. De lo contrario, se estaría asistiendo a un facilismo conducente a la invención de falacias, capaces de confundir e instalar concepciones equivocadas.

No obstante, la valía del documento permite poner en diálogo concepciones que desde hace algunos años vienen sosteniendo los autores mencionados.

Aparece como eje central la crisis del capitalismo, una idea que alienta el entusiasmo de Zizek para repensar la función de los estados nacionales en términos de políticas socialistas, pero que tiene como respuesta la incredulidad de Byung-Chul Han, quien se afirma en la convicción de que esta crisis fortalecerá un sistema que ya viene produciendo segregaciones a partir del cierre de fronteras a los refugiados que intentan mejor vida.

A esta discusión se suma Agamben, creando dudas sobre el origen de una simple gripe que alcanzó niveles insospechados hasta detener al mundo. Se trata de un nuevo foco de terrorismo sin armas, expandiéndose ante un enemigo invisible; todo lo cual generó la reacción de Nancy, quien le objeta como debilidad en sus argumentos el hecho de apelar a teorías conspirativas.

Más optimista se muestra Badiou, quien cree en el efecto superador que puede nacer a partir de este inédito escenario global. Ve a la pandemia como una oportunidad para el resurgir de acciones que intenten equilibrar un mundo esencialmente desigual, aspecto que Butler resalta como lo más evidente de esta crisis: se desnuda la inviabilidad de un régimen político y económico que busca eliminar las subjetividades al ir contra los movimientos disidentes en pos de beneficiar a los que se alineen en sus filas, habiendo dado así lugar a un conjunto de protestas que ocasionaron otro tipo de colapsos, como las reacciones de diversos grupos (LGBT, veganismo, medioambiente) que en lo que va de este siglo irrumpieron ante los maltratos, descuidos y desidias de los Dueños del Mundo (más ocupados en la inescrupulosa concentración del poder que en el cuidado de la naturaleza).

Por último, vale rescatar la voz de la activista boliviana María Galindo, referente de estas tierras. Con un mensaje ferozmente crítico, audaz e inspirador, advierte sobre una realidad que no debería sorprender porque ya venía sucediendo: lo que pasa ahora es la legitimación del dominio imperial de las grandes potencias, que encuentran en los Estados nacionales la fuerza necesaria para segregar a los que menos tienen en nombre de un virus que nadie conoce, un «enemigo invisible» que no puede verse ni identificarse, y cuya solución sanitaria planteará nuevos dispositivos de desigualdad cuando unos pocos puedan acceder y muchos otros sigan excluidos. La dicotomía entre economía y salud quizás sea otra de las estrategias del liberalismo para tener mayor eficacia en sus formas de consolidar posiciones hegemónicas.

Sopa de Wuhan es un intento más por un camino que recién se inicia: el de la problematización intelectual, seguramente en continua revisión a medida que los acontecimientos vayan sucediendo.

Lo cierto es que nadie sabe qué pasará ni cómo seguirá la vida a partir de entonces.

Las palabras de los autores que escriben deben entenderse como un aporte contextualizado, indisociable de una obra propia en cuya trayectoria es posible reconocer la identidad de un pensamiento o una ideología.

De ninguna manera habría que concebir a estos textos de forma ligera y vacía de sólidos fundamentos.

En cada testimonio hay mensajes entre líneas.

Desde la portada misma, en que se da a entender algo que no está fehacientemente comprobado (la sopa de murciélagos es una de las tantas teorías que explican el origen de un episodio que ha sorprendido a todos) hasta los puntos de vista de personas que -aún con credenciales en su haber- también pueden ser cuestionados.

Si la filosofía se niega a abrir debates, entonces no tiene sentido.

Y si los genera, es mejor aprovecharlos -aceptar o poner en duda- antes de que los silencios se vuelvan actores centrales de la actualidad.

Sopa de Wuhan

 

 


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