Saltar al vacío

Aquella noche de marzo de 2000, el máximo exponente de nuestro rock nacional estaba en Mendoza. Dio un recital y luego partió rumbo a algún bar, donde se produjeron diversos disturbios: dicen que una mujer lo increpó por no cumplirle un pedido, también que volaron sillas y se armó un gran revuelo.

Sin dormir, fue llevado por la fuerza a una comisaría a las 8 de la mañana del día posterior. Un policía le tomó declaración y le afirmó que lo consideraba un ciudadano más, común y corriente.

Charly García, de él se trata, explotó de furia y volvió al hotel Aconcagua.

Se encontraba en un 9no piso y dirigió su mirada a la pileta que estaba veinte metros abajo.

Tiró unos muñecos al agua para calcular la velocidad del viento.

Entonces, tomó la decisión que copó la primera plana de los grandes y pequeños medios.

Sin dudarlo, se arrojó.

Las cámaras caseras capturaron el momento, así como también la incredulidad de fans que temieron lo peor.

Say No More, tal como se hace llamar, pudo haberse matado; un acontecimiento que de ninguna manera hubiera necesitado realizar para ser concebido como una leyenda.

Algunos periodistas se acercaron a la piscina para tomar sus primeras declaraciones y hacer de un posible episodio trágico, una nota de color. Acaso, también sean responsables de fomentar una manera de vivir cercana al morbo y los escándalos.

Charly García, denostado por los sectores conservadores de una sociedad que juzga con la altísima vara de la normalización, fue el mismo que en el pasado reciente también se arrojó al vacío y salió ileso.

Durante los años más oscuros de la década del 70, compuso canciones que criticaban al poder y ponían en evidencia las atrocidades de militares que desaparecían personas -especialmente jóvenes- cuestionadoras de un régimen que bajo ningún punto de vista se podía sostener.

Hoy esos partidarios del orden y la disciplina que en su momento calzaban armas y borcegos, todavía suelen frecuentar los pasillos de algunos tribunales en nombre de una inocencia que no existe, con un pacto de silencio inquebrantable y defendidos por patoteros abogados que -acompañados de un séquito de cómplices- levantan un teléfono para intimidar impunemente.

A toda esa mugre causante de un daño irreparable, Charly García denunció a su manera.

Foto: El Sol

Charly

 

 

 

 

 


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