Proyectos de Extensión: cuando las prácticas universitarias necesitan resignificarse

“La vida es un péndulo que va de un lado al otro

y nosotros en el medio, siempre tensos,

sin encontrar otro sentido fuera de ese vaivén”

 

(Rodolfo Kusch,

en Prólogo de esbozo a una

antropología filosófica latinoamericana,

Tomo I, página 153)

 

ABRIR EL JUEGO

La Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata es de esos espacios que recrean vivencias a partir de interpelar los sentidos y significaciones del quehacer profesional. Hay conciencia colectiva y de comunidad como eje transversal a los saberes académicos; y de un tiempo a esta parte, fortalece cada vez más sus vínculos hacia el afuera, con acciones llamadas a alojar diversidades.

En ese contexto, no es de extrañar la organización del Primer Encuentro de Proyectos de Extensión, Escuelas y Prácticas Integrales, impulsado por Ivone Amilibia (docente de la misma Facultad), quien –como tantas otras profesionales- cree en la transformación social a partir de una iniciativa denominada “Las infancias cuentan en la escuela”.

El sábado 30 de noviembre de 2019 por la mañana, diez pósters académicos visibilizaron recorridos que comunican a la universidad con distintos sectores de La Plata y alrededores. Además de Trabajadores Sociales, profesionales de diversas disciplinas –áreas de la Informática, la Arquitectura, la Biología, la Física, la Comunicación Social, la Educación Física, las Ciencias de la Educación, la Filosofía- pusieron en común inquietudes, deseos y puntos de vista que se circunscriben a sus prácticas, problematizándose colectivamente los alcances y las limitaciones de las propuestas.

En el conversatorio de apertura, dos profesionales dieron la bienvenida.

Por un lado, Claudio Ríos (Licenciado en Trabajo Social y docente de la Facultad), quien destacó la trayectoria de su disciplina en el contexto de las políticas públicas de la UNLP, especialmente en su reconocimiento como específico campo de estudios (de “Escuela” a “Facultad” sucede un salto cualitativo que empodera al área y le da legitimidad propia).

Por el otro, Alicia Villar (Licenciada en Ciencias de la Educación) alentó rupturas epistémicas desde una serie de cuestionamientos pertinentes que atravesaron la jornada:

  • Los conceptos de “extensión” e “intervención” se presentan como polisémicos (¿”Extensión” es que la universidad vaya a la conquista de territorios, costumbres y públicos ajenos a los que participan usual y activamente de sus tradicionales espacios y prácticas?, ¿“Intervención” implica estar entre qué y qué: consiste en imponer modelos de referencia sin tener en cuenta a la otredad?). Ambos vocablos son dueños de ambigüedades que si se mantienen como tales corren el riesgo de atentar contra esas pretensiones de igualdad y equidad –desde la perspectiva del derecho a la ciudadanía y al conocimiento- en que originariamente se conciben los proyectos que vinculan a la universidad con distintos sectores de la sociedad.
  • El discurso de las neurociencias construye hegemonía a partir de una noción individualista y meritocrática del saber y las emociones, ambas subordinadas casi en exclusividad a las funciones del cerebro; con lo cual, apelar a la transformación social –desnaturalizar lo obvio, empoderar, resignificar, contextualizar- sería imposible al depender de estructuras que buscan mantener el status quo (en otras palabras, si todo aprendizaje e interacción reside en el gobierno del cerebro, habría un determinismo que por definición sería inmodificable: nacemos con aptitudes y potencialidades dadas por la biología; con lo cual, los aprendizajes colectivos en términos constructivistas, culturales, sociales y políticos, serían dejados de lado, porque naturalmente algunos tendrían posibilidades de acceder al conocimiento y otros naturalmente se acostumbrarían a la resignación por no pertenecer).
  • Los usos del lenguaje también deciden posicionamientos: en términos de ideologías, si la derecha liberal se apropia de los sustantivos (“el” cambio, “el” conocimiento, “el” poder), la izquierda progresista se vale de adjetivos y verbos (“transformación social”, “empoderar”, “visibilizar”, “incluir”) para ganar lugares en una sociedad que reproduce las históricas disputas entre centro y periferia, distinción que no es geográfica sino política.

El cierre de este primer momento estuvo a cargo de Gabriela Pesclevi, docente que se desempeña dando Talleres de literatura infantil y juvenil. Con voz dulce y agradable, leyó Lila y las luces, un conmovedor cuento de Sylvia Iparaguirre que narra las costumbres de una humilde niña de la Patagonia que vive en zonas rurales; y por esas particulares circunstancias del entorno (cultural, físico, geográfico) intenta estudiar en una escuela cuyos libros de texto están diseñados para un ámbito ajeno a la cotidianeidad de los protagonistas: la crítica fuerte y aguda del escrito se presenta como un mensaje solapado que intenta despertar la reflexión en sus lectores. ¿Qué sucede cuando el acceso a la cultura aparece descontextualizado de lugares y costumbres? ¿Por qué muchos procesos de enseñanza y aprendizaje tienen como recurso la conciencia dominante de la imposición de clase? ¿Es posible interpretar el mundo con ojos distintos a los que comúnmente permiten ver la inmediatez?

La chiquilina tiene una madre que vive sola, un hermano cercano en edad y otro más pequeño. Su día a día consiste en cuidar animales, caminar largos trayectos para llegar a destino y vencer una timidez que repliega las curiosidades hasta casi condenarlas al olvido.

El título del cuento alude a las luces de una gran metrópolis, espacio que Lila no frecuenta ni siquiera en su posibilidad de imaginar. Por lo tanto –y en términos de oposición- podría ser posible interpretar que ella habita algún tipo de oscuridad por verse privada de una iluminación que sólo alcanza a unos pocos elegidos.

Sin embargo, Lila –además de un nombre de niña- es también un color que brilla con luz propia, ilumina, radiante asoma como un destello que no debería por qué depender de los significantes que los grandes centros buscan extender hacia la periferia.

Se pone de manifiesto que un libro no debe expulsar a sus lectores sino –por el contrario- buscar estrategias (¿de intervención?) para generar acercamientos e incorporar a sus destinatarios.

DEL SER AL ESTAR

La segunda parte del encuentro concentró a los participantes dispuestos en una gran ronda que favorecía la comunicación y también otro gran conjunto de interrogantes:

  • ¿Es posible que suceda el diálogo de saberes si la universidad lleva sus conocimientos a otros ámbitos, los muestra, los explica, y se vuelve hacia sí misma?
  • ¿Cómo podrían generarse estrategias de equidad social en una universidad nacional que se declara pública y gratuita pero que –claramente- tiene mecanismos de exclusión?
  • ¿Qué sentido tiene investigar en organismos como CONICET, siguiendo rigurosidad de requisitos cuyos conjuntos de ponencias y papers se proponen ofrecer especialmente soluciones a los países centrales?
  • ¿Hay chances de salirse de ese círculo vicioso que plantea líneas de tensión entre investigadores y pedagogos, disputa que reproduce otra mucho más profunda: la acumulación versus la socialización del conocimiento?
  • ¿Si la convocatoria tenía como protagonistas a los proyectos de extensión basados en las escuelas, por qué no se participó a los actores educativos con quienes diariamente se realizan las denominadas prácticas integrales?

Al hacer un recorrido, punto por punto, de las anteriores problematizaciones, podrían plantearse las siguientes reflexiones:

  • El diálogo de saberes necesariamente requiere de algún tipo de encuentro así como también de un momento de escucha atenta. Si en la Noche de los Museos, el colectivo de La Facu va a la Escuela pone a disposición del público general transposiciones didácticas que permiten comprender cómo acontecen las ciencias naturales (Física, Química, Biología, Astronomía, Geología), se despiertan vocaciones, curiosidades, ansias de aprender; y en tal sentido, se estaría llevando a cabo el derecho de acceder a la cultura.
  • Pensar la equidad social desde la hegemonía de las universidades es una ardua tarea que debe tener un comienzo (el encuentro en la Facultad de Trabajo Social va en esa dirección). Si hay pibes de sectores vulnerables que ven lejanas las chances de acceder a los estudios de Nivel Superior, sucede la profecía autocumplida: “Si yo no creo que puedo, entonces no podré”. En esta perspectiva meritocrática –solitaria, estigmatizante, competitiva desde el punto de vista en que la delgada línea entre las estereotipadas nociones de éxito y fracaso dependen de los esfuerzos individuales-, la universidad debe fortalecer sus políticas públicas, algo que en la gestión del Doctor Fernando Tauber (actual Rector de la UNLP) aparece como prioritario: no solamente garantizar el ingreso de nuevos estudiantes (para el ciclo 2019, se inscribieron 33 mil ingresantes) sino también la permanencia y el egreso. Las preguntas que surgen ahora son varias: ¿Para qué alguien debería estudiar en la Universidad? ¿Para ascender en la escala social? ¿Para vivir mejor? ¿Para transformar la sociedad? ¿Qué sentido tendría valerse de conocimientos que la hegemonía del academicismo impone como necesarios si los mismos no guardaran relación con las realidades de nuestros barrios?
  • Hay investigadores de CONICET que se vuelven críticos de un sistema de mera acumulación del conocimiento: en esa mercantilización, tener es sinónimo de ser. Publicar en revistas científicas artículos que quizás nunca sean leídos da vida a jerarquías y estructuras de poder que se erigen con la forma de una pirámide. ¿Quiénes llegan a doctorarse? ¿Qué soluciones devuelvan a la sociedad esos ciudadanos graduados por un sistema de acreditaciones? Por eso, existen proyectos de extensión que buscan evitar que sus espacios se vuelvan curriculares, porque de esa forma pasarían a formar parte de una organización endógena, sin posibilidades de salir al exterior.
  • Muchas veces, la investigación suele tomar como objeto un campo de estudio sin tener en cuenta a las personas, los contextos y particularidades. Ahí sucede un hiato, un lugar vacío que pasa a ser llenado a partir de ideas tales como articulación –unir partes- o integralidad –pensar el constructivismo como una tarea que abarca diversas dimensiones-. Sin embargo, todavía la universidad se debe replantear el concepto de extensión –un imperialismo académico que gana posiciones- y de intervención –palabra tabú con una fuerza poderosa capaz de derribar todo atisbo de universalidad-.
  • Uno de los problemas que plantearon algunos participantes es que cuando visitan las escuelas, la comunidad educativa los llama “capacitadores”. Esa identificación no solamente plantea condiciones de desigualdad, sino que genera dependencia. Entonces, si los proyectos de extensión dependen exclusivamente de los sujetos universitarios, implosiona. No es política pública sino ocasional. Por eso, se vuelve indispensable hacer partícipes a la pluralidad de actores que tienen los proyectos.

LA VOZ DE LA PIBADA

Con debates abiertos, latentes e inspiradores, la jornada cerró con la participación de una murga llamada Lxs Remolinxs (proveniente de la vecina localidad de Ensenada). Pibes de entre 10 y 18 años venían acompañados por Ruketa, referente cultural y Trabajadora Social, maestra de ellos en el pasado y actual puente que deviene intersección de generaciones, contextos, realidades.

La murga visibiliza la voz de quienes no suelen ser escuchados.

Son Johana Ramallo y Emma Córdoba.

Son los desaparecidos en la Dictadura.

Son los sueños postergados que buscan concretarse.

Con bombos y platillos, Ruketa invitó al público presente a sumarse al canto para que sea uno solo con criterio de comunidad.

Miembros de los proyectos de extensión –mujeres ellas- se mezclaron entre la pibada.

Y allí, cada una decía.

Yo quiero ser…

Maestra.

Bailarina.

Murguera.

El Barrio y la Academia, la infancia y la adultez, se animaron a soñar en grande.

Luego hubo un espacio común.

Nuevamente, la ronda como estrategia de equidad.

Ni unos ni otros: nosotros.

Cada uno presentándose.

Compartiendo gaseosas y empanadas.

Y ese detalle del final, con el cuidado y el respeto por el otro, de unas golosinas puestas en bolsitas.

“Gracias por tu magia” se leía en ese lindo obsequio para las visitas preparado por una de las integrantes del proyecto que movilizó la convocatoria.

Dice Esteban Ierardo en Página 12 (edición del 18 de octubre de 2012):

<<Kusch examina su categoría existencial del “estar”, que contrapone al “ser” europeo. El “estar” supone un situarse cerca de un centro donde se concentran y conservan energías mágicas y divinas que se deben respetar y conjurar. Por contrapartida, el “ser” se entronca con la ansiedad occidental del “ser alguien”, el deseo de colmar con contenido y significado un vacío que se amoneda en la intimidad profunda del sujeto de Occidente>>.

Empezar por algo.

Cuestionarlo.

Y seguir aprendiendo.

El camino recién empieza y es una consigna que promete otros encuentros.

LÓPEZ HERNAIZ, Adrián Marcelo

 

(“Adriano”, para todo el mundo).

 

Dedicado al Proyecto de Extensión “Las infancias cuentan en la escuela”.

EXTENSIÓN FTS 2019

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