Sembrar identidad

“… La paciencia quizás sea el principal legado de las Abuelas: para construir el derecho a la identidad; para ir valiéndose de los progresos de la ciencia en aras de identificar de manera indubitada a sus nietos y también para hacer menos traumático el momento del análisis; para hacerse escuchar; para conseguir, después de mucho tiempo, el apoyo del Estado; para llevar a los genocidas ante la Justicia y que paguen sus crímenes en la cárcel; para utilizar cada resquicio, cada herramienta, cada mano tendida desinteresadamente en el propósito que ha guiado a la Asociación en todos estos años que no es otro que el de devolver la libertad arrebatada a los hijos de sus hijos…”

Así concluía el editorial que la organización no gubernamental conocida como Abuelas de Plaza de Mayo difundió hace exactamente un año.

Las eternas mujeres de pañuelo blanco hablan de paciencia por una espera que también sigue siendo búsqueda; y en ese camino, muchas de ellas han partido de este mundo sin lograr su cometido.

El derecho a la identidad es una de las tantas categorías que específicamente designan algo en particular respecto a los tiempos más oscuros de la historia argentina; una nomenclatura que se suma a otras de la misma familia de términos que expresan repudio absoluto al terrorismo de Estado: Nunca Más; Memoria, Verdad y Justicia; son 30 mil; desaparecidos; están entre las que se conocen habitualmente.

Con una elogiable entereza, las Abuelas encabezan movilizaciones que visibilizan la ausencia y apelan a los estudios, aportes y avances de determinadas ciencias, saberes o disciplinas. Tales son los casos de:

  • La abogacía, porque las leyes son las vías para condenar a los culpables;
  • la antropología, porque la recuperación de los cadáveres dañados, arrebatados o maltratados, requiere un tratamiento específico de exhumación y reconocimiento;
  • la arquitectura, porque el diseño de los espacios permite comprender cómo operaban los grupos de tareas en los centros clandestinos de detención;
  • las artes, porque textos, canciones, murales, obras teatrales, películas o esculturas, expresan los latidos de una época que es preciso transformar para crecer;
  • la biología, porque la genética es clave para restituir los lazos de sangre entre progenitores y descendientes;
  • la filosofía, porque el permanente examen crítico y reflexivo es fundamento para construir comunidad y alcanzar la libertad;
  • la geografía, porque existieron lugares específicos –asociados a violaciones, abusos, torturas- donde tienen localización atrocidades capaces de fomentar, como respuesta, un espíritu colectivo de comunidad a partir de lo que hoy se conocen como sitios de Memoria;
  • la historia, porque las resignificaciones del pasado generan conciencia para no cometer aquellos errores que costaron la vida de miles de personas;
  • la química, porque diversos análisis a cuerpos –vivos y no- son necesarios para alcanzar certezas;
  • la matemática, porque a partir de las estadísticas se puede llegar a la cantidad aproximada de detenidos y desaparecidos (fue genocidio, y aunque se hubiera visto afectada solamente una persona, el hecho es demasiado grave por sí mismo);
  • la política, porque el cultivo de la militancia es imprescindible para despertar interés y sentimiento colectivo de hermandad, así como también sumar adeptos a una causa que necesita de ciudadanos profundamente comprometidos con su tiempo y con su entorno;
  • la psicología, porque las nociones de duelo y trauma deben circular para sanar.
  • la sociología, porque episodios de violencia extrema alcanzan la dimensión de “crímenes de lesa humanidad”.

Un 22 de octubre de 1977, las Abuelas de Plaza de Mayo se conformaron como cuerpo colectivo para darse a conocer al mundo.

Buscaban encontrar a bebés recién nacidos de personas secuestradas y desaparecidas forzadamente en los tiempos de la última Dictadura Cívico Militar.

Desde entonces, diversas campañas de difusión han logrado recuperar 130 nietos; y como todavía quedan alrededor de 300 casos sin resolver, ellas proponen que en el día de la fecha se divulguen vía las redes sociales alguna fotografía, video, anécdota o comentario, que posibilite seguir dando cauce al encuentro con la identidad.

La lucha de las Abuelas es también la de un gran sector de la sociedad que no conoce quiénes son sus padres biológicos; involucra a gente que aguarda la posibilidad de adopción para tener familia, y refiere a las personas que un día salieron de sus casas sin haber vuelto jamás, siendo víctimas de redes de trata, abusos, torturas, violaciones o asesinatos.

En un país que se debate entre pañuelos verdes, celestes y demás colores con sus respectivas huellas ideológicas, hay uno que no implica controversias y queda exento de polémicas: el de color blanco abraza a toda la comunidad.

Foto: Radio Cayaurima

Abuelas Identidad

 

 

 


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