En busca del milagro

7 de agosto.

San Cayetano.

Como todos los años, una multitud peregrina hacia la Iglesia que se encuentra en el barrio de Liniers, provincia de Buenos Aires.

Hay rostros cansados, algunos de los cuales se encuentran a punto de ser vencidos por la desesperanza.

Otros ejercen la resistencia como pueden.

Y se ponen de pie quienes tienen la fortaleza de rebelarse ante un sistema injusto y cruel, que quita al que menos tiene y excluye a los que de por sí son desposeídos.

En nuestra Argentina el invierno recién va por la mitad; las olas más fuerte de frío ya pasaron, pero todavía quedan coletazos de un clima hostil que enferma y daña, derrumba y mata.

Los don Nadie salen de la oscuridad para unirse al Santo que promete pan, paz y trabajo.

Unos sacerdotes forman parte del camino.

Se sientan al costado, aguardando el paso de los fieles.

Escuchan con paciencia y dan aliento.

Saben que en la desesperación de los olvidados existe la posibilidad de una palabra sanadora.

Durante la noche se reparte abrigo y comida.

Cuentan que algunos lloran.

Otros ya no pueden más.

Lo único que buscan es el sueño de vivir en un país que ofrezca algún tipo de oportunidad y reivindicación.

Los gobernantes no se hacen eco.

Parece ser que poco y nada les importa.

Detrás de cada decreto o política de ajuste hay ciudadanos que quedan atrapados en la calle, sometidos al último hálito posible: la chance de que la fe mueva montañas y que un milagro se produzca.

Vivir dignamente resulta una osadía.

Foto: Diario Popular

Cayetano


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