Lo que nos dice Johana

El 26 de julio de 2017 fue la última vez que se la vio con vida.

Pasaron dos años.

Durante todo este tiempo, su madre Marta -luchadora ejemplar, mujer valiente y hoy tan ícono como bandera- capitanea en sus esfuerzos el pedido de justicia, que también lleva consigo los reclamos contundentes de verdad y memoria.

Johana Ramallo se convirtió en símbolo de esa gran parte de la sociedad que busca resistir como puede a la exclusión; su estado de vulnerabilidad hizo que el instinto de supervivencia la acercara al mundo de las adicciones y la prostitución.

Está claro que bajo ningún punto de vista se debe criminalizar a la víctima; al fin y al cabo, las decisiones que tomó no impiden que haya sido una persona con derechos que merece vivir como cualquiera.

Su desaparición pasó llamativamente desapercibida por los medios hegemónicos de comunicación. Sí se hizo eco la prensa alternativa (La Pulseada, Sudestada, Anfibia), que ayudó a dar impulso a un caso que contó con una serie de negligencias, silencios y complicidades.

Las agrupaciones políticas de la UNLP colaboraron desde la visibilización, logrando que las fojas de este horror nunca quedaran archivadas en el distrito del olvido.

Hace unos meses sucedió la confirmación: los restos de una mujer hallados en un descampado eran de Johana.

Las pericias indican que su asesinato pudo darse entre diciembre del año de su desaparición y marzo de 2018.

Al día de la fecha, no hay respuestas.

El rostro de Johana está en innumerables murales de La Plata.

Como para que quede claro que si existen personas que no dejan soñar, tampoco se las dejará dormir.

 

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