Llegar a la luna

Siempre estaba allí: lejana en el alto cielo, rodeada de estrellas o de nubes; a veces siendo noticia cuando se ponía de otro color por ese show estelar que da lugar a los eclipses y en ocasiones simbolizando metáforas vinculadas a los alcances de amores imposibles.

El 20 de julio de 1969, la humanidad pisó por primera vez la luna. Los protagonistas fueron tres astronautas norteamericanos: Neil Amstrong (primero en poner sus pies sobre el satélite natural de la Tierra), Michael Collins y Buzz Aldrin.

Tal acontecimiento se inscribe dentro de los hitos más importantes de la historia; quizás comparable con la llegada de Colón a América, aunque con la salvedad de que los viajes de fines del Siglo XV no supusieron un operativo de altísima complejidad ni con tan complejos riesgos como el hecho de salir a la conquista del espacio exterior.

Para comprender y dimensionar lo sucedido, es preciso atender al contexto.

La llegada del hombre a luna es un acontecimiento filosófico, científico y cultural por razones como las siguientes:

  • Sucedió en el período de la Guerra Fría, un paréntesis en la historia de la humanidad que se sitúa luego de la atrocidad de dos Guerras Mundiales (1914-1918, 1939-1945). La hegemonía del mundo ponía en posición de disputa a dos potencias: Los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (Ex URSS). El conflicto ya no sería bélico, sino que la nueva manera de dirimir supremacía pasaba por el desarrollo tecnológico. Llegar a la luna implicó grandes costos y además una logística que llevó años. Al lograrlo, consolidó el poder de Estados Unidos y además posicionó a la humanidad ante un escenario de renovadas expectativas en relación a la ciencia, luego de la enorme decepción que sus usos autodestructivos ocasionaron al -por ejemplo- fabricar bombas.
  • Permitió enormes avances en la tecnología, desde la creación de aparatos sofisticados para el entrenamiento físico (que hoy se utilizan en los gimnasios) hasta la fabricación de filtros de agua (actualmente de uso cotidiano), además de aislantes para ropas, tejidos para cubrir del fuego (utilizado por los bomberos) y el diseño de materiales para conservar alimentos. Se podría decir, además, que quizás no haya sido necesaria la presencia de hombres en la luna; porque lo que la Misión fue a hacer bien pudo haber sido realizado por robots o diversas maquinarias.
  • La conquista fue política y territorial, dando lugar así a determinados mitos que desde las teorías conspirativas alientan el escepticismo de la veracidad del alunizaje. Asimismo, hay un retorno a los comienzos del saber filosófico, que surge del asombro y la observación del cielo; todo lo cual, abre nuevos interrogantes respecto de los límites de la humanidad: en un mundo tan complejo y desolado, con escasez de recursos y desigual distribución de las riquezas, parece imposible aventurar nuevas exploraciones de colonización del espacio exterior.

A medio siglo de la llegada del hombre a la luna, conviene resignificar el hecho: ¿fue realmente «un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad», cuando importantes sectores de la población mundial aún no logran satisfacer sus necesidad básicas de existencia? ¿A quiénes -aparte de a sus propios habitantes- les convino que Estados Unidos de Norteamérica acrecentara su poder en el ámbito de la geopolítica mundial? ¿Será la profecía de la llegada a Marte otro hito que alcance dimensiones similares al de la Misión Apolo XI? Y una última pregunta: si no sabemos cuidar este planeta, ¿qué nos garantiza que sí podremos hacerlo con otro?

Foto: Diario de Sevilla

Diario de Sevilla

 

 

 


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