Johana

Hace unos días aparecieron los restos de una chica en un descampado.

Los trascendidos anunciaban que se trataba de ella.

Hubo un secreto de sumario que se levantó recientemente.

Tras unas jornadas de silencio, la confirmación es oficial: Johana Ramallo fue brutalmente asesinada.

Había desaparecido el miércoles 26 de julio de 2017 alrededor de las 18 horas; viéndose por última vez con vida en las cercanías de la Plaza Matheu, un lugar de la ciudad en la que se ejerce la prostitución.

Proveniente de sectores vulnerables, Johana resultó víctima de la exclusión y la explotación; así como también de una cadena de complicidades que pone de manifiesto las fragilidades del Estado para proteger a la ciudadanía.

No es novedad que el mundo ha dejado de ser un lugar seguro.

Tampoco, la estigmatización de parte de la sociedad que pone el acento en criminalizar a las personas inocentes antes que en condenar la atrocidad de los hechos.

(¿Por qué hay un dedo acusador que cuestiona a los adictos, las prostitutas, los locos y demás miembros de la sociedad, como si por esos motivos -acaso- no merecieran vivir?).

La sociedad está enferma desde el mismo momento en que -por ejemplo- una chica sale de su casa y está más de seis horas sin avisar dónde se encuentra. Repentinamente, las alarmas se encienden: miedos, sospechas, preocupaciones; todo eso hasta imaginar el peor de los desenlaces.

Johana es la cara visible de un montón de jóvenes que no tienen oportunidades y se encuentran entre la espada y la pared.

También, de chicas que son tomadas de rehenes para responder a los intereses de grupos delictivos sofisticadamente organizados.

Su madre Marta ya es una referente en la defensa de los derechos humanos.

Como tantos otros familiares que afrontan el dolor y la pérdida, ella es hoy una activista que lucha por la memoria, la verdad y la justicia; no solamente de su hija, sino también de todas aquellas mujeres que pasan por lo mismo.

El rostro de Johana está en toda la ciudad.

Murales e inscripciones recordarán por siempre que su historia nos debe interpelar a todos.

Y aunque nunca alcance -porque las vidas que se van no vuelven-, visibilizar el hecho es una forma de contribuir.

(Estuve muy atento a este caso desde el primer momento. No dejo de sentir una infinita tristeza. Lo primero que me nace es brindar un profundo abrazo lleno de respeto y afecto a la familia de Johana).

Foto: FB Buscamos a Johana Ramallo

Johana

 

 


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