Mirar al mundo

La imagen es elocuente: simbólica, interpela el lugar que distintos sectores tienen en la sociedad.

Hay en ella una distinción de clase; no solamente desde variables económicas, sino también refiriéndose a otras aspiraciones que se vinculan al acceso a la educación y la cultura. Lógicamente, esas posibilidades guardan algún tipo de relación con el poder adquisitivo.

De izquierda a derecha, se observan a las mismas personas posicionadas -en distintos niveles- sobre billetes (bienes materiales) y libros (bienes culturales). Hay quienes están de pie solamente encima de billetes o únicamente posándose arriba de los libros; así como también una persona que, sin ninguno de los anteriores bienes mencionados, se mantiene erguida sobre el piso.

Delante de ellas, se vislumbra una ventana cuyo cristal permite mirar un paisaje hermoso y reluciente; acaso, símbolo de los sueños y la libertad, de esa idealización que de por sí genera el hecho de creer que lo más lindo de la vida sería poder someter el mundo a los deseos.

¿Qué nos enseñan las imágenes?

Que las personas dedicadas exclusivamente a la acumulación de dinero pueden llegar a lo más alto de la pirámide social pero a la vez quedar afuera de la contemplación de los paisajes.

Que aquellos ciudadanos ávidos en el arte de estudiar, esforzándose por ello y despojados de riquezas, alcanzan -con lo justo- a ver la belleza de lo que tan fervientemente anhelan.

Que quienes quedan mejor posicionados son los sectores que pueden combinar el crecimiento económico con el cultivo de la lectura y la educación.

Y que la gente excluida -sin acceso al capital ni tampoco a la industria cultural– queda con su mirada anclada en la pared, sin poder acceder a mejores oportunidades.

La imagen, también, muestra que los ricos y los pobres comparten la diversa carencia que tienen en común; y que quienes estudian están en condiciones de pertenecer.

Es necesario afirmar que se puede ser alguien de muchas maneras, no necesariamente teniendo un título terciario o universitario; y aun así, hecha esta aclaración, vale reivindicar al estudio como esa instancia que permite disfrutar lo más profundo y significativo de una vida no privada de derechos, libertades, placeres y responsabilidades.

Foto: ugojesee

Life

 


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