¿Dónde estás?

En la Semana de la Memoria, se impone la obligación moral de hacer causa común con las personas desaparecidas: 30 mil en tiempos de la última Dictadura Cívico Militar y -al año 2015, según datos oficiales de la Procuración General de la Nación– alrededor de 6 mil desde el retorno de la democracia hasta nuestros días.

Los datos son alarmantes, porque así haya sido una sola vida que se fue sin regresar a su hogar, el hecho es grave, repudiable y preocupante.

La desaparición forzada es un delito de lesa humanidad. Los daños que provoca son irreparables. Y aunque se encontrara sana y salva a la persona que se está buscando, nada vuelve a ser lo mismo para su propia vida y la de su entorno.

Hay muchas maneras de poder explicar esta realidad que sacude a nuestras sociedades (del país, de la Región, de varios lugares del mundo en general):

  • Los silencios, que son cómplices del terrorismo de Estado y forman parte de una conspiración con varios eslabones. Testimonios e indicios dan cuenta de ello. Autoridades de altas esferas no pueden desconocer la sistematización de prácticas que se vuelven impunes.
  • La corrupción, que mueve enormes ganancias y utiliza a agentes que recurren a personas como medios para enriquecerse mediante el sometimiento y la humillación. La trata de personas es un ejemplo de este tipo de sucesos.
  • El poder inescrupuloso, que muchas veces se sitúa en la misma línea de la explotación, la venganza, las amenazas y el crimen organizado.

Afirmar que «el Estado es responsable» supone una enorme desconfianza ante el ente que debe regir el cuidado de esos ciudadanos que quedan desprotegidos por acciones voluntarias y -en ocasiones- incompetentes de un organismo que, independientemente de las ideologías gobernantes -de derecha, de izquierda, en dictadura o en democracia-, no logra resolver el grave problema de la inseguridad.

¿Dónde están?

Las personas secuestradas y torturadas.

Las que fueron víctimas de los vuelos de la muerte.

Las que son capturadas para otros fines como el de la cosificación y la comercialización.

Las que un día salen de su casa y ya no regresan más, siendo incluso estigmatizadas por haber hecho ejercicio de su libertad.

En eso están amplios sectores de nuestras sociedades.

Resistiendo como pueden.

Luchando por derechos vulnerados.

Haciendo pie en las aguas turbias de un destino no elegido.

El compromiso nunca debe abandonarse.

Por más que la Justicia nunca llegue en un mundo que -desde hace mucho- ha dejado de ser un lugar seguro.

Foto: Sputnik News

Dónde estás

 

 


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