Corazones

Soñé que caminábamos juntos por un parque, luego de dejar las bicicletas a un costado.

En esa dimensión -imaginaria pero verosímil- no existían los peligros ni las turbulencias.

Los pájaros.

Los soles.

Las nubes.

Los deseos.

Los silencios.

Jugábamos a dar vuelta el almanaque hasta descubrir al Año Nuevo, ése que daba finalización a otra década y nos hacía pensar que la vida pasaba demasiado rápido.

En el reloj ya no duelen las agujas.

Son ahora pulsos de rojos latidos que dicen y que callan.

Que delatan.

Y están ahí, delante nuestro.

Enseñándonos que hay personas, momentos y oportunidades, dispuestos a ayudarnos para no ceder ante cualquier tormento que haga daño.

En el salto que no damos como sociedad está la cuerda que hace girar al mundo.

Algunas estrellas se marcharon lejos pero de ninguna manera han devenido fugaces.

Forman figuras sin fondo que nos dejan con una extraña sensación de vacío en los corazones.

Y ese tipo de ausencias es lo que también nos hace ser.

A partir de entonces, valen la pena los intentos.

Animarse, qué duda cabe.

Porque con la fuerza del impulso, cualquier mañana puede ser maravillosamente habitable aunque las apariencias pueden engañar.

Corazones_
Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s