En algún lugar

Sofía Yazmín Herrera tenía 3 años de edad cuando fue a un camping con su familia en la localidad de Río Grande, provincia de Tierra del Fuego.

En un muy breve instante de tiempo, los adultos que estaban a su cargo se descuidaron involuntariamente y eso resultó suficiente para que nunca más se supiera de ella.

Desde entonces, comenzó una intensa búsqueda que nació en el sur del país y se extendió por diversos sectores; a veces con pistas falsas, a veces con datos confusos. Oportunistas y personas evidentemente no preparadas para  tamaña responsabilidad, entorpecieron la investigación; y aún con una una recorrida mediática que contó con el apoyo de los principales portales de comunicación masiva, no hay ningún rastro de la niña que hoy ya transitaría por los primeros años de la adolescencia.

Su caso es como el de tantas otras personas desaparecidas en democracia (María Cash, Miguel Bru, Florencia Penacchi, Marita Verón, Johana Ramallo, y tantas otras), con el agregado de que ocurrió en una isla -ante la lógica complejidad para salir de ese sitio con alguien secuestrado- y a la vista de gran número de gente, a plena luz del día.

¿Cómo puede ser que nadie la haya visto?

¿Es posible pensar en una complicidad que facilitó la fuga o más bien hubo impericia por parte de los sistemas de seguridad?

¿De qué manera se puede confiar en un Estado frágil y ausente -ya sea por negligencia o falta de capacidad- que no es capaz de garantizar la integridad de cada ciudadano?

Hay un tiempo que se pierde y no se recupera.

Varios derechos están siendo vulnerados al unísono.

La desaparición de una persona es uno de los delitos más graves de la humanidad.

Entonces, ¿a qué aferrarse?

El dolor de la familia nos alcanza a todos.

Su búsqueda incesante nos interpela y persuade.

Sofía es la sociedad misma.

Su rostro es también el nuestro.

La fe tiene forma de esperanza e ilusión con un reencuentro.

Los avances de la ciencia permiten reconstruir la imagen de una niña tal como se vería en la actualidad.

El pasado 28 de septiembre se cumplieron diez años.

Entonces, en esa brecha que se sitúa entre la angustia y la desesperación, habita la utopía de que ella se pueda reconocer y diga sí, me están buscando.

Impacta mucho el hecho de pensar que de haber un esperable desenlace -la aparición, la restitución-, tendrá mucho más que ver con la habilidad de Sofía para recuperar su identidad antes que por la labor de un Estado con serias dificultades en cuidarnos.

Foto: LU 15 Radio Viedma

SH

 


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