Sobre noches y lápices

Pasó en 1976 pero la lucha sigue intacta, porque lo único que se pierde es lo que se abandona.

Aquellos jóvenes estudiantes que deseaban un país mejor, dejaron su vida y también un legado: creer en la justicia social, conquistarla, pensar en los movimientos colectivos como instancia de transformación.

Cada año, las marchas renuevan su mensaje. Ya sea por la violencia institucional, la pobreza que crece, o -como ahora está pasando- la educación pública viéndose amenazada ante tanto despojo de un Estado que no cuida ni protege.

Muchas personas mueren, otras se ven privadas de derechos; las hay, también, quienes en esa búsqueda incansable ven los días pasar hasta apagarse.

Pero ningún camino es en vano si -además de convencimiento- hay compromiso, solidaridad y deseos de construir una sociedad que represente a las mayorías.

El odio no vence.

Sólo semillas de amor por un horizonte con forma de futuro.

Foto: Pato Cremonesi

NL 5


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