Desidealizar

No existen las hadas ni los príncipes azules, tan sólo son parte de una fantasía que recorrió la tradición oral y se instaló para identificarnos una idea de amor equivocada por ser irreal en tanto condiciones de posibilidad.

En occidente, decir amor es inmediatamente significar un corazón; pero esa construcción simbólica tiene origen en la Antigüedad, cuando se evidenciaron registros de que la atracción sexual hacia otra persona aceleraba el pulso corporal.

Luego, muchos siglos después, el romanticismo como movimiento de época dio fuerza al sentimentalismo desgarrador y sin filtro, desenfrenado y despojado de todo tipo de razón.

René Descartes, padre de la filosofía moderna, jamás habría dibujado un corazón para hablar del amor: como ícono del racionalismo estaría convencido de que todo fluye a través de conexiones que se dan en el cerebro.

Más allá de estas disquisiciones, la etimología también aportó lo suyo: erróneamente, se creyó que amor era una palabra del latín cuyo significado aludía a «sin muerte» (a-mors), lo cual permitía hablar de un sentimiento común a todas las personas con capacidad de elegir su objeto de deseo. En ese caso, tal decisión -además de responder a placeres del orden de lo físico y espiritual- activaba la vitalidad en seres humanos cuyos instintos de vida (eros) se imponen por sobre los de muerte (tánatos).

Aun así, no hay que intelectualizarlo todo.

Probablemente, quienes más hablen de amor son quienes menos lo vivan.

Lo cierto es que el curso de los acontecimientos es dinámico e intenso.

Pasa o no pasa.

Atraviesa la biografía de los involucrados porque interpela un recorrido que va desde la infancia hasta el presente, con ese abismo en el horizonte que tiene forma de futuro.

Los amores perfectos no existen porque no hay quien esté invicto de defectos.

Esa persona a quien dirigís tu atención tiene miserias y virtudes como cualquiera (incluso más o incluso menos).

Respira como vos.

Ríe como vos.

Llora como vos.

Nació como vos y se va a ir de este universo como vos (y como todos).

Si creés que es lo mejor que te pasó en la vida, decílo o hacélo saber: porque hoy es hoy, y mañana no se sabe.

Siempre será importante tener en cuenta que este tipo de latidos a muchos les ha pasado alguna vez y a otros en más de una oportunidad; sin embargo, hay quienes se van de este mundo sin haberlo experimentado nunca.

Sé soberano de tus emociones.

Actuá con criterio.

Respetá a la otra persona.

Y animáte a querer dándote cuenta que es tan imprescindible encontrar aspectos en común como comprenderse en las diferencias.

Foto: Archivo Personal.

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