El Día del Maestro debe ser todos los días

Septiembre es el mes de la educación en Argentina: Día de la Secretaria, del Maestro, del Profesor, del Preceptor, del Estudiante, tienen lugar en este mes y está muy bien que sea así, pues la evocación de fechas hacen a la memoria de una labor cada vez más denostada y desprotegida, en condiciones de creciente vulnerabilidad, tan sólo una de las tantas debilidades que presenta nuestro sistema educativo.

Hablemos del Día del Maestro, no tanto de las discusiones acerca de la conmemoración en homenaje a la polémica y controversial figura de Domingo Faustino Sarmiento, sino a lo que implica el rol en estos tiempos.

Contrariamente a lo que muchos suponen, ser docente no solamente consiste en dictar unos temas, copiar algo en el pizarrón y luego corregir, etiquetando a los que saben en detrimento de los que no llegan a cumplir con los conocimientos mínimos que se requieren para llenar casilleros de manera creciente y lleno de correlatividades.

El desafío es mucho más complejo: tiene que ver con la vocación y el acompañamiento, una función que no es reconocida ni valorada socialmente como otras disciplinas que gozan de prestigio.

El maestro está solo contra un mundo que avanza a pasos agigantados, indefenso ante situaciones para las cuales se encuentra sobredemandado: debe lidiar con estudiantes que no legitiman su autoridad y están desmotivados; atravesar situaciones de violencia y precariedad; cargar con el peso de no recibir capacitaciones adecuadas y pertinentes al contexto; sobrevivir ante situaciones edilicias que dejan mucho que desear (lugares sin calefacción en invierno, sin ventilación, sin luces, sin tizas ni borradores, sin sillas ni bancos); defenderse de padres o adultos ausentes que suelen reclamar antes que ayudar; tratar con directivos que esperan soluciones mágicas; y adecuarse a un Estado vacío de políticas educativas, que desde siempre retaceó los salarios y que hoy prefiere ser cómplice de las grandes empresas, satisfaciéndolas en detrimento de una función que le es asignada primordialmente (conjuntamente a la salud y la seguridad).

Debería dar vergüenza el facilismo de ciertos sectores de la sociedad que cuestionan a los maestros por hacer marchas y, como tal, suspender las clases. Está claro que nadie quisiera llegar a eso, pero la realidad impone una relación de fuerzas en que se necesita defender los derechos del trabajador. En todo caso, el problema no es que «los docentes se viven quejando»; justamente no. Es preciso dirigir la mirada hacia otro lado; pero en ese clima de tensiones y hostilidades, daría la sensación que nadie comprende mejor su situación que los propios maestros.

El deterioro físico (movilizarse de una escuela a otra, trabajar muchas horas por día para que el salario rinda) y psicológico (presiones constantes que mantienen siempre latentes situaciones de conflicto), hace que los maestros merezcan otro tipo de reivindicaciones, que se los respeta y valore, que se realce su figura y puedan estar en condiciones de conducir los destinos de un país. Por eso, va de suyo una colaboración conjunta de la comunidad, paciencia y comprensión, todo aquello que de alguna manera se pide a los docentes.

Es difícil la tarea, pero también -cabe aclarar- muy digna y hermosa, sobre todo cuando se está ante circunstancias de esfuerzos compartidos, de logros colectivos iniciadores de transformaciones necesarias. La docencia exige creatividad, compromiso, empeño, dedicación. Ningún maestro podrá lograr algo si por dentro está triste, vacío o disconforme. El motor del deseo debe mantenerse bien intacto. Si el vínculo se crea y se sostiene, se defiende y socializa, el beneficio será común y no individualizado.

El Día del Maestro es hoy, así lo dice el calendario; aunque este homenaje debería trascender a esta jornada y abrazar a todas las demás.

Felicidades a quienes eligen ser docentes.

A quienes no renuncian a pesar de tanta adversidad.

Y, por sobre todas las cosas, a quienes sostienen la ilusión intacta, implicándose para promover una sociedad realmente mejor.

Foto: periodismo365.tevy.com.ar

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