Cíclope de cristal

El Rey de la Tevé vuelve y todo gira en torno a su figura; no lo hace por solidaridad ni como aporte a la cultura, sino que sus intenciones son bien claras. En ese sentido, sólo juega para él.

Hay un repertorio general que es ampliamente conocido. Refrita de otros tiempos estrategias saturadas pero no por eso menos efectistas: superproducción, invitación a candidatos en campaña, imitaciones mal logradas, risas forzadas, alto rating.

El Rey de la Tevé cree que su producto es popular; y francamente no, sino todo lo contrario. Un selecto sector que brinda por la ostentación saluda con enorme beneplácito la necesaria demarcación entre los unos (nosotros) y los otros (aquéllos).

A propósito de los políticos, surge una reflexión: décadas atrás comunicaban sus ideas visitando programas esquemáticos, previsibles y monocordes; no se apartaban de la formalidad y buscaban ser correctos. En la actualidad, la tendencia cambia porque asisten sin temor a los ridículos, sometiéndose a la burla que deja mejor parada a la imitación que al ejemplar original, y todo eso porque así dan la impresión de estar «más cerca de la gente».

El Rey de la Tevé se nos ríe -como siempre- en nuestra cara. Y lo hace porque la sorna y el facilismo le generan dinero y dominación. Las pretensiones de adormecimiento masivo ponen en evidencia el modus operandi del poder; al fin y al cabo, el show debe continuar.

Pero claro, de algo deberíamos hacernos cargo: tal vez algún día comprendamos que no habría mentiras si no existiera la ignorancia; y para ello, ni siquiera sería necesario ser un erudito.

Foto: http://www.fronterad.com

Fronterad


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