La sociedad del espectáculo

La democratización en el acceso a la información -no así en el conocimiento- permite que muchos sectores de la sociedad estén en condiciones no solamente de construir un acontecimiento sino también de multiplicarlo, haciendo que un evento cualquiera alcance dimensiones superlativas por el sólo hecho de contar con soportes legítimos capaces de generar su amplificación.

Aun así, los grandes medios de comunicación deberían tener la obligación de ejercer el camino de la ética, pues -al disponer de los máximos recursos- generan en la sociedad de consumo efectos que surgen a partir de la intensidad e intencionalidad de sus mensajes.

Si bien es complejo y controversial el concepto de «verdad», también lo es el hecho de la «noticia»: ¿De qué se trata? ¿Tiene que ver con todo aquello que sucede? ¿Parte de lo que atraviesa a un conjunto de ciudadanos y que puede ser de interés público? ¿Cuáles son los criterios para hacer circular un hecho particular hasta convertirlo en un asunto mediático?

Las líneas editoriales de los principales medios de comunicación (diarios, radio, televisión, Internet) legitiman y selecciona, eligen y discriminan, toman decisiones que son funcionales a sus intereses: o se intenta que los interlocutores reflexionen, o se pretende que ellos mismos se vean impactado; y en la conmoción, acrecentar las arcas que sustenta el trabajo de los otros.

Pueden ser esas posibilidades o tan sólo otras.

Lo que resulta insoslayable es que el periodismo de la actualidad no está solamente en manos de los periodistas; sino que la construcción del acontecimiento gira en torno a quienes disponen de los dispositivos para registrar (en un tiempo y en un lugar determinados) lo que sucede y así hacerlo circular, provocando la atención masiva de quienes son cooptados por la generación de las pantallas.

La violación de la privacidad es un asunto que se sitúa en una delgada línea: publicación o restricción ponen en tensión el rol de los medios de comunicación, que en su afán de ir detrás de la primicia y el impacto, atentan contra la integridad de cualquier persona que merece asistir a la posibilidad de tener a resguardo su vida más íntima y cercana.

El desafío más inmediato de los mass media pasa por fortalecer una legislación que en el mundo fáctico resulta más controlable que en la volatilidad del universo virtual, donde los caracteres fluyen de un lado a otro sin que pueda detenerse una inmensa avalancha de bytes que se esconden por laberintos encontrados a un clic de cualquier distancia.

Foto: http://www.ranachal.lamula.pe

SDE


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